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En las casas del tabaco, los trabajadores deben vigilar la humedad, la temperatura y las lluvias; según varíen estos factores, abren y cierran sus puertas. Uno de los primeras actuaciones que deben realizar es el ensarte; las "ensartadoras", con grandes agujas, unen por pares las hojas y las colocan en largos palos de madera, llamados cujes ; estos cujes se suben a unos maderos horizontales (llamados barrederas) donde se apoyan sus extremos; en cada jornada, se completan unos 100 cujes, por lo general.
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Un cuje es una vara recta de unos 4 m de largo con determinado grueso en cada una de sus puntas; es un elemento muy útil en el proceso de secado y curado del tabaco (de 45 a 60 días, según sea el clima). Para conseguir un buen cuje hay que cortarlo y mantenerlo en agua salada durante unos 50 días; luego hay que pelarlo, así no transmite el olor de su madera a las hojas de tabaco. Finalmente, se le quitan los nudos a fin de evitar posibles daños a las hojas. Los cujes se entresacan de los pantanos, las costas sin arena o de los espesos manglares.
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Todo el tabaco Habano se cura o seca al aire, durante unos 50 días; este proceso, largo y natural, es supervisado de forma constante y asegura temperatura y humedad controladas; las hojas ensartadas, se sitúan cerca del suelo y, cuando se van secando, se suben a la parte superior de la casa del tabaco. Primero las hojas adquieren un color amarillo y luego, gracias al proceso de oxidación y pérdida de la clorofila, toman el color dorado-rojizo que indica que están listas para la 1ª fermentación del tabaco. Tras el proceso de secado se procede al zafado o amarre del tabaco. Ahora, sigue la fase de fermentación.
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Versión imprimible
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